Ante la búsqueda de los lectores de conceptos que los acerque a la caracterización del adolescente de hoy, comparto con ustedes algunos apuntes que hacen referencia a ello. Si bien sabemos que no es posible generalizar dichas conceptualizaciones, sí pueden hacernos reflexionar y reformular nuestras prácticas docentes, y es aquí donde considero personalmente, radica una las principales causales de la fractura del vínculo educativo provocando situaciones conflictivas a diario.
La adolescencia debe ser pensada como un período de la vida de límites variables, en el que es posible encontrar diferentes maneras de ser y de experimentar, de acuerdo con épocas y condiciones sociales y culturales diferentes. Por eso, la sociología, la antropología o la historia proponen pensar en múltiples y diversas formas de ser adolescente y no en una “única” adolescencia.
Desde esta concepción es necesario evitar concebir a los alumnos de Secundaria Básica como un grupo homogéneo del que se esperan las mismas cosas, o que deben poseer “determinadas condiciones” para poder ser incluidos en la escuela. Es preciso ubicarse en una posición que no acalle las diferencias y que se aleje de explicaciones estereotipadas y unidimensionales que terminan empobreciendo las posibilidades. Cabe asumir que lo único que homogeneiza a los jóvenes es su dignidad de persona; su derecho a la diversidad, la palabra, a la posibilidad de construir un proyecto de vida personal y propio.
Reconocimiento de sí mismo y de los otros
Cuando hoy se habla del adolescente, se definen características de tipo biológico, psicológico y sociales. Seguramente todos estos son aspectos que un docente debe conocer, pero es esencial comprender que se hace referencia a sujetos que actúan y se reconocen a sí mismos en relación con los “otros”.
Lejos se está de establecer generalizaciones acerca del mundo adolescente, reconociendo y reconociéndolos como individualidades diferenciadas pero atravesados por culturas familiares distintas e inscriptos en culturas juveniles diversas, lo que exige aún más esfuerzo por parte de todos los adultos que interactúan con ellos.
Si se intenta formular algunas puntuaciones en relación con el alumno de la ESB y considerando la realidad de “estos alumnos”, se debe definir un campo donde la cronología de estos sujetos oscila entre los 11-12 a 16-17 años. Esta franja etárea requiere plantear algunas diferencias. En ella se incluyen púberes –preadolescentes y adolescentes plenos. Se hace referencia a los púberes cuando se tienen en cuenta los procesos biológicos, cambios corporales – alcanzados o esperados por los sujetos – que requieren ser sometidos a procesos psíquicos y ser inscriptos en un mundo simbólico diferente del que sostenía al sujeto en la infancia. Este trabajo psíquico, en un contexto socio-histórico, es lo que se llama preadolescencia / adolescencia.
La adolescencia es un momento más de la vida del hombre pero con una fuerte impronta en cuanto a su constitución como sujeto, a la construcción de su identidad. Este tránsito de la niñez a la adultez, de la endogamia a la exogamia es la impronta de la adolescencia.
